La humanidad por encima de todo

| 18 octubre 2010
El Universo es infinito. O al menos suficientemente grande como para no poder cercar, compartimentar, dividir y repartir cada trozo de éste. Y eso lo sabe el ser humano, al menos que sepamos, desde que sabe transmitir sus conocimientos a las generaciones venideras mediante la cultura. Así pues, la indivisión absoluta del Universo puede interpolarse a cada uno de sus componentes, por pequeño y acotado que éste sea.

Esta idea astronómica, de ciencia pura, la utilizo aquí con el simple objetivo de servir al lector a entrar en la idea que quiero expresar. Discriminación. Esa es la idea, y la base de nuestros problemas como especie. Miramos a nuestro alrededor y, sea una cultura milenaria o una basada en códigos modernos, siempre apreciamos diferencias de clase. Y está claro que vernos diferentes es tan obvio como vernos insignificantes como especie en este basto e incomprensible Universo. Pero discriminar a alguien por ello sería tan lógico como reirse del Sol por su diferente temperatura, sin caer en la cuenta de que su calor nos aporta la energía necesaria para sobrevivir en el frío del cielo estrellado.

Habrá gente más alta o más baja, más rápida o más lenta, que lea cuarenta palabras por minuto o que tarde un minuto en leer una palabra, gente aseada y gente sin acceso a aseo... Y como éstas, cientos de diferencias. Muchas negativas, pero muchas positivas. Intentar discriminar positiva o negativamente a alguien por sus factores físicos, por lo que la genérica, la naturaleza y el destino que aquí nos puso, haya decidido darle es, por definición, injusto hacia esa persona, pues poco podemos hacer para cambiar esa naturaleza.

Sin embargo el juicio existe, y es realmente útil para la valoración de hechos y la toma de decisiones. Pero hay que saber qué juzgar. Los seres humanos tenemos capacidades enormes como la de amar, la de respetar, la de honrar, la de querer y la de ayudar. Tenemos capacidades externas a nuestra física, como la comprensión, la empatía y la compasión. Estas características, tomadas como referencia, me parecen cruciales para encauzar el enjuiciamiento que nuestra especie necesita. Sobra discriminación racial, intelectual, física y geográfica. Y nos falta mucha, pero que mucha, discriminación moral. Permitimos que políticos sin excrúpulos, pero nacidos en nuestro vecindario, obtengan un poder fuera de su control por no darle ni siquiera la oportunidad de presentarse a ciertos cargos al de fuera, al lento, al feo o al diferente.


No pretendo convencer a nadie de qué tiene o no que hacer. Simplemente quiero mostrar lo que siempre he pensado, lo que pienso, y lo que pensaré el resto de mi vida. Quien quiera ser egoista y ver la mota en el ojo ajeno, que se atenga a las consecuencias de vivir con una mente que ve tan lejanos los defectos que nunca corregirá los suyos propios.


Sonreid, abrazaros, disfrutar y, sobre todo, sed felices.

2 comments:

Anónimo dijo...

Creo que tu reflexion esta muy bien explicada y comparto tu pensamiento,yo no podria haberlo expresado mejor.......XDD

La.bicho

Unknown dijo...

:)